21 jul. 2011

Rompiste mis esquemas...


Nunca imaginé que llegaría ese día en que romperían la coraza que me protegía del amor, que me defendía del dolor que causa una ruptura. Nunca imaginé que fueras tú. Apareciste de la nada de forma sigilosa y haciendo contraste con el ambiente que me rodeaba; no era nadie, sólo era un bulto más al que alimentar. Pinchaste la burbuja que me evadía del mundo real con tu presencia y rompiste mis esquemas con tu simpatia. Sí, tú fuiste la causa que hizo latir de nuevo mi corazón, un órgano que permanecía latente dentro de mi ser. Me otorgaste un nuevo significado de la palabra amor; amistad, valoración y atención se han convertido en los tres pilares básicos de mi vida. Me enseñaste a recibir caricias y devolver besos. Me enseñaste a sentir. No quiero ser una más. Quiero ser esa persona que esté siempre en tu mente, que sea la causante de tus desvelos las noches que no este a tu lado.

Quiero ser eterna junto a ti...

Te amo

31 mar. 2011

Reinventate!!!


Para construirnos como personas, o bien para poder avanzar en la tarea diaria, y a veces nada fácil de crecer como seres humanos, necesitamos como condición indispensable aprender y adaptarnos lo mejor y más rápido posible a los constantes cambios que se suceden en nosotros, tanto física, como emocionalmente, así como aprender, aceptar y saber crecer junto con nuestro medio; ese medio en el que convivimos y que nos rodea. Pero, aunque muchos de nosotros sabemos qué cambiar, y aunque evolucionar es necesario, porque es parte de los ciclos de la naturaleza y de la vida, no sabemos muy bien cómo hacerlo, como aceptar los cambios y, mucho menos, cuándo éstos llegan bruscamente. Porque asimilarlos, aceptarlos y adaptarnos adecuadamente a ellos no es cuestión de saberlo… eso entonces ya es otra cosa.


El conocernos a nosotros mismos puede ser una de las cosas más fascinantes, pero también es seguramente lo que menos practicamos los seres humanos.

“Reinvertarnos” no es convertirnos en otra persona distinta a la que somos, sino solo cambiar algo de nosotros, para poder adaptarnos a otras circunstancias. Porque las que había ya no están más; ahora son otras, y porque tenemos que aprender a vivir diferente; ni mejor, ni peor, solo diferente, y poder cerrar ciclos. Y si aprendiéramos a sacar todo el potencial que llevamos dentro, si fuéramos capaces de profundizar en nosotros mismos, y aprendiéramos a vivir de otra forma ante las adversidades que se nos presenten, sin dejar que nos hagan, ni ser las víctimas de ninguna situación, ni de lo que sucede, o pueda suceder a nuestro alrededor, sin limitar nuestras reacciones, pensando o condicionándolas en, o a lo que piensan los demás, y expresando lo que sentimos, comprenderíamos entonces que seriamos capaces, de poder crearnos un estado de ánimo nuestro; personal, donde seríamos capaces de sentirnos bien, felices serenos y satisfechos. Y ese estado de ánimo influiría también en nuestra percepción del mundo que nos rodea, en nuestras emociones y hasta en los malestares y problemas que nos afectan, porque cada vez parece más claro y evidente que, si estamos mal anímicamente, también estamos mal físicamente.

Podemos aprender desde ahora a “reinventarnos”, darnos una segunda oportunidad y encarar la vida con optimismo, o anclarnos en un estado en donde ya no haya retorno. Está en nuestras manos querer cambiar las cosas. Y si duele algo, quéjate si, pero no te pares a lamentarte, ni a llorar la situación; intenta cambiarla pero, pon tú los medios para hacerlo.

Nosotros podemos cambiar las cosas y las situaciones. Si nos centramos en el presente con todas sus posibilidades, en vez de refugiarnos en un pasado que ya no existe, y que solo nos traerá melancolía si seguimos comparándolo con el presente. Pero, sobre todo, dejando de alimentar temores a un futuro que, por no querer enfrentar miedos, no nos atrevemos a descubrir.

Tú decides… ¿Te reinventas?

Dedicado a Marina y Cyn, a las que aprecio y quiero con locura. Gracias por estar siempre para todo.

28 mar. 2011

Si tienes valor, reconoce tu deuda y adiós


Es duro recordar el roce amargo de las lagrimas cayendo por las mejillas.
Es duro recordar todo aquello que quise compartir contigo.
Es duro oírte decir todo lo que he oído.
Es duro aceptarlo, pero hay que ser valiente
Es jodidamente duro evitar que se deslicen por mis mejillas.
Pero es jodidamente duro e imposible evitar nada de lo que nos pasa.

Esta vez ha sido un ainfima parte comparada con la última pero la confianza depositada era mucho mayor.

Era mucho mayor la intuición de saber que algo bueno iba floreciendo.
Era mucho mayor las ganas de intentarlo.
Era mucho mayor la cobardía.
Es mucho mayor tu amor por aquél que un día pensaste tener que abandonar.
Los capitanes nunca abandonan su barco, y esta vez, el tuyo, no se ha hundido.